LOS PAROTANIS

A los devotos del paro podríamos llamarlos paristas, como en México, pero así se presentan tambiénlos del Pari, histórico pueblo cruceño.

Tal vez una chapa cabal para los aficionados al paro de protesta podría ser los parotanis, patronímico de la gente de Parotani, pueblito cochabambés que enrrumba a Oruro y a quienes ofrezco disculpas por rebajarlos con esta comparación.

Los parotanis son quienes creen que con paros y paros van a parar sin reparo el proceso de cambios que desde hace 12 años saca al país del marasmo republicano. Y sin un disparo.

Los parotanis de la parodia golpista. Parodistas  en estado de paroxismo, que es el otro nombre de la irritación de pasiones. Ya sé que estoy hablando de parónimos contrarios a los  antónimos y ajenos a los sinónimos. ¡Cultura chafa que e gasto, caray!

Los parónimos  (afines) de los parotanis son, por lo visto y oído el pasado jueves 6, los peluches, monsters,  transformers, muñecas Barbis, Buslaiyers  y otros militantes opositores que bloquean esquinas y calles gritando lemas donados por Charles Table, Tuto el Quico, Victarugo Kardns, Albaracing Bomboloco y otros ideólogos de la excitante serie Toy Story.

  • ¡Luche, luche, luche /con garra de peluche! // ¡Fuerza compañero/ en carro basurero! // ¡Botellas y sillón / por la constitución! // ¡Dictadura de botas / con veinte barbis rotas! y otras tonterías disparadas al infinito… ¡y más allá!

Los papelones opositorios (sic)  vulgarmente llamados paros son organizados por gente pudiente que dispone de medios y de los  medios. Se dicen pudientes porque creen que pueden apropiarse así nomás de lo bueno ajeno sin gastar nada en creatividad.

Uno topa con ellos en ciertas plazas propalando a todo volumen históricas canciones de la izquierda antiimperialista, que ellos revuelven con proclamas reaccionarias sin chispa ni sostén político.

Difunden, por ejemplo, una canción de Benjo Cruz y sobre esa amada voz rebelde  echan la llajhua de su bronca derechista “para derribar a la dictadura de izquierda que sufrimos…”

En Quillacollo hay unos activistas (por el “activo” que manejan) que con altoparlantes ensordecen a los peatones con la canción Oh bella ciao ciao ciao, himno de los heroicos partisanos en guerra contra el fascista Mussolini.

  • ¿Por qué ponen esa canción? Se atarantan y farfullan: Eh… ah… porque es un disco que nos prestó una señora Dequer es bien chévere  diciendo nos ha dicho (sic)  

Ah, con los parotanis de historieta. Ojalá pusieran frente al país propuestas de avance revolucionario, soberanía y bonanza. Lo que nos ponen son carros basureros, sillas desvencijadas, botellas vacías y otras expresiones de su pensamiento.  Ojalá se nos pusiera a gente capaz de exponer coyunturas contra la dependencia capitalista, alternativas libertadoras como hacemos los izquierdistas de todos los  tiempos.

Lo que manipula la derecha golpista son gañanes, provocadores encapuchados  que insultan y manotean con violencia para justificar el dinerito que, hasta 50 dólares por cada evento,  reciben de las llamadas plata-formas y partidos repartidos hoy entre el oportunismo electoral y la venganza neoliberal.

Los parotanis del paro tan inútil, paro tan inicuo, paro tan insípido

De aquellos ríos de sangre…

Han pasado 30 años de la vez que Paz Zamora
mandó al cuerno su militancia de izquierda
y le extendió la mano al dictador Banzer.

Porque uno despierta cada día gracias a que recuerda, es que se enarbola la memoria histórica, para ondearla durante el día con la brisa de la coherencia y consecuencia, aire de la palabra. Uno recuerda, por ejemplo, que ya han pasado 30 años de la vez que Jaime Paz Zamora mandó al cuerno su militancia izquierdista y le abrió la mano al dictador Hugo Banzer, su enemigo histórico, cruzando así, sueltito de cuerpo y de un salto, el río de sangre que los separaba. Esa tamaña gallinada del Gallo fue para llegar él también a la presidencia.

En abril de 1989, Paz Zamora había dicho que “un río de sangre” lo separaba del tirano, quien, entre cien daños que le hizo al país, ordenó a sus conmilitones campesinos: “Si ven a un comunista, mátenlo; yo me responsabilizo”. Dos meses después de aquella aseveración de los “ríos de sangre”, en junio, Paz Zamora reculó, al afirmar que “hay que olvidarse del pasado”, y nos previno a los azorados izquierdistas, entre ellos a algunos de su partido (el MIR): “Es nuestra sangre, y que no se metan los demás, porque nosotros hemos sabido administarla bastante bien” (sic).

Es por la memoria histórica que ahora refloto estos hechos y dichos, máxime si en estos días están buscando los restos de Marcelo Quiroga en la hacienda de Banzer en San Javier, y porque Micky Maus (“mi quemau”) busca ser candidato presidencial montado en la Democracia Cristiana (PDC), donde antes cabalgaba el jinete apocalíptico Tuto Quiroga. Porque tengo memoria, en fin, deseo reflotar lo que publiqué en el semanario Aquí, julio de ese 87, sobre los mentados ríos de sangre. El texto tiene mi tono de chunga agitado por el turbión de la bronca de entonces.

—¿Administrar la sangre? ¿Es que el MIR va a instalar un banco de sangre? Porque Jaime Paz “plasma” así su rivalidad con Banzer es que entre el MIR y ADN no habrá una coalición, sino una coagulación.

—Si Paz Zamora decidió sacar a su partido del ventrículo izquierdo para acomodarlo en la aurícula derecha del sistema coronario, allá él. Pero debe saber que el ventrículo izquierdo sirve de bomba impelente para la mayor circulación de la sangre en el organismo. Como buen leucocito que es, el Gallo debe saber también que no es nada sano vivir sin los glóbulos rojos. Dios nos libre de que aquí se propague la costumbre de adMIRistrar la sangre para cometer trampas electorales, pues podríamos llegar al extremo de que los cómputos arrojen estos resultados: Partido Socialista 1: 51.000 votos. MIR-ADN: 200.000 litros.

—En tal caso, la nominación presidencial ya no dependería del Congreso Nacional, sino del Conde Drácula. Proponemos para presidente a Sisto Dias (acrónimos de Sístole y Diástole) —¡Aprobado de todo corazón!

—A este marcapaso, qué va a ser mejor decir: ¿ánfora o válvula?, ¿cómputo o síncope?, ¿demócrata a cardiópata? La sangre azul de los aristócratas mezclada con la blanca de los invertebrados no es compatible con la sangre roja de la voluntad popular.

—Con la coagulación adenomirista seguirá la sangría neoliberal del país y, así, en el futuro no habrá más huelgas, solo paros (cardíacos). Si sigue este comercio sanguinolento, no tendremos transmisión, sino una transfusión presidencial.

En fin, porque traigo memoria histórica digo ahora, en noviembre de 2018, que después de las dictaduras y la imposición del neoliberalismo paró la represión, la democracia puso sus pies en el cinismo pactado… pero la sangre siguió corriendo.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres
Domingo 25 Noviembre 2018

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Ayer, en el panteón La Concordia del camino a Quillacollo vi en una tumba el nombre de Rodolfo Von Borries, ingeniero electrónico que fue de Radio Pío XII de Siglo XX. Por él supe, en mis inicios de periodista, años sesenta, que las radioemisoras estaban sometidas en su desparpajo de libertad a la dictadura de la tecnología que era importada, como hoy, pero entonces selectiva y con grandes restricciones. Las casas importadoras (Hansa, Intermaco et al) de plantas de transmisión, micrófonos, grabadoras y hasta agujas para discos lo hacían en obligada consulta con el gobierno que les proveía las divisas (dólares marcados) para esos negocios.
En ese aire, las radios mineras sindicales tenían que someterse a las condiciones bajo reserva de los gerentes importadores -coimas, para tapar el “favor personal” o “el riesgo de clausura de su empresa”- si querían comprar repuestos que les permitan seguir funcionando sin salvarse de su condenada marca de ilegales y clandestinas.
En 1965 era yo el director de Radio Vanguardia de Colquiri y acompañé a los dirigentes sindicales a una casa importadora de La Paz para adquirir discos y ciertos aditamentos técnicos. Fui testigo mudo e impotente del sobreprecio que se cobraron los gerentes comerciales por venderle a una radio extremista, como la nuestra, literales armas de fuego, ergo micrófonos. Regresamos al distrito minero con silencio avergonzado porque no se iba a avisar de eso a los trabajadores reunidos en asamblea general.
Ah, querido Rodo Von Borries. Ah, tiempos esos, tan amargos e imborrables.

El Yuppie y la Flauta

 

-¿De dónde vienes? –dijo el viejo-. El Yuppie infló el pechito y respondió a mansalva: -De Harvard, don Jacinto.
Se me hizo de muy mal gusto presumir así, de entrada nomás, con semejante patochada (sic) ante un apacible provinciano que nos recibía en su casa como huéspedes.
–¿Y dónde queda eso? –inquirió el anfitrión destapando unas cervezas de bienvenida.
–Oh, lejos, don Jacinto -respondió el ensoberbecido-. Bien lejos de aquí y muy caro.
El infeliz me miró convocándome a la complicidad con un guiño: -¿Harvard estará a unos 500 años de saberes, ciencia y cultura de este pueblito? ¿Qué dices tú?
No supe qué responder, pero ya estaba sintiendo que mi bronca por el baboso jarvardiano me subía desde los tobillos. Sobrador de porquería. Somos primos y don Jacinto es tío nuestro. De niños, veníamos ambos a esta hacienda, de vacaciones, traídos por nuestros padres. Éramos felices trepando árboles, corriendo al cerro, jugando en la lagunita. Pero ahora el Yuppie, desclasado, miraba todo con mohines de asco.
Lo llamamos el Yuppie a pedido de él, desde que llegó de los Yúnais. Ese apelativo en inglés significa, creo, young university professional people. Pinche altanero.
El viejo nos ofreció la espumante cerveza y con el dejo natural de las melancolías comentó que le alegraba vernos y en especial a Fernandito, así dijo, porque, pues, te fuiste al exterior muy jovencito y que bueno que ya volviste al país, porque es de buenos hijos volver al solar nativo y…
El Yuppie oía sin escuchar, mirando con molestia a cualquier parte de la modesta estancia. El tío siguió con que seguramente a tu papá le habría gustado verte así, como te ves, tan desenvuelto y capaz…
–Oh, sí –interrumpió el Yuppie, sin pizca de sentimiento-. Mi viejo murió cuando yo tenía quince años.
–El corazón; fue fulminante, qué pena-, dijo el tío, y luego: ¡salud, salud, bienvenidos, hijos! y dio un sorbo a la espumante. Bebimos todos y luego se alzó un silencio incómodo. Yo no atinaba a decir nada y peor aquél, ajeno, ido, que se puso a mirar el patio por la ventanita.

Tosió el viejo como para aclararse la voz y habló penosamente:
-Al poco tiempo de la muerte de mi hermano Víctor, toda tu familia se mudó a la ciudad, a la casa de Elvira, tu santa mamacita que en paz descanse, Nandín.
Nandín, así llamábamos a Fernando en aquellos años. El déspota seguía sin palabra para nadie y el silencio se atrevió a hacerse oír más pesado entre los tres. Creí obligado decir cualquier cosa y musité: gracias, querido tío, por recibirnos en esta casa de tantos buenos recuerdos para nosotros… y ¡salud!”.
Al ver que el Yuppie ni se amoscabas, allí, en el fondo de la salita, le dije con sorna: ¡Salud, doctor!
–¿Doctor? ¿Eres doctor? –se iluminó el viejo-. ¡Qué bueno, Nandín! Mira qué buena suerte que hayas venido. ¿Sabes qué, hijo? Hace unas dos semanas me empezaron unos dolores aquí por la cintura y cuando me agacho ya casi no me puedo enderezar porque…
–¡No, no, don Chinto! –cortó aquel con molestia-. No soy doctor de… de…¡de esas cosas! – Por un momento pensé que iba a decir de esas huevadas.
El viejo, detenido tan en seco, frunció el ceño y tragó saliva. El Yuppie, en la consagración de su petulancia habló para diplomar su vanidad: Tengo un doctorado en econometría, en Harvard, como ya dije.
El tío sorbió lentamente su cerveza, se relamió los labios y limpiándose la boca con la manga de la camisa habló como en sus tiempos de vocero que fue de la familia.
–Mira, Nandín, seré muy viejo e ignorante, pero aquí, en el pueblo y en los buenos tiempos, había dos clases de doctores: los matasanos y los buscapleitos. O sea, médicos y abogados. ¿Ahora hay otra clase de doctores?
Antes de que el Yuppie se mande otra de sus babosadas intervine:
-Querido tío, cuando uno excava y excava la tierra y encuentra vasijas antiguas, de barro, es un doctor en antropología; si otro especialista entra en una cueva, se pone a investigar edades de la tierra y sale con olor guano es un doctor en espeleología…
En eso saltó el Yuppie: ¡Si manipula gente y sociedades por años y años es un doctor en sociología! Dio unos pasos hasta mí y mirándome fijamente, remarcó las sílabas de su dicho: Si luego de decir que estudia la sabiduría sale con que solo sé que no sé nada, puede decirse que es un doctor en filosofía, ¿no es cierto?
El tío Jacinto tomó el último trago de su chela, se rascó la cabeza y achinando la mirada le preguntó: -Tú, ¿en qué dices que eres doctorado?
-Soy doctor en economía. Déjeme explicarle sencillito, don Chinto. Estudié en Harvard para sanear las finanzas públicas…
-¡Ah, como la Fili! –se iluminó el viejo provinciano-. ¿Se acuerdan de la Fili, chicos?
-Yo, sí –dije-. Esa buena moza a la que la gente malpensada le decía la Flauta, ¿no?
-¡Esa! Felicia, la de la tienda –dijo el viejo frotándose las manos como envolviendo un íntimo gozo. Y en eso, sorpresivamente, el interés del Yuppie
-¿Qué pasó con la Fla… la Fili?
–Pues… se hizo pública y saneó todas sus finanzas –repuso el viejo. Y antes de que el Yuppie reaccionara ante tamaño sopapo verbal:
-Pero, la Fili no nos decía que era doctorada, aunque dejó a muchos en la ruina…

Artículo en LA Razón, Bolivia. Domingo 14 de octubre, 2018

Mantología: JORGE MANSILLA TORRES

 

DIAGRAMA DE LA CUECA

La cueca ensaya en el sueño
y baila cuando despierta
con su vaivén va al encuentro
de un imposible y ajeno,
la cueca se yergue esbelta
para enamorar… ¡Adentro!

Su pañuelo es la bandera
de conquista que se eleva
y envuelve lo que desea,
cueca de historias secretas
y de intenciones abiertas
en el amor… ¡A la Vuelta!

Ahí se va por una esquina
cadereando sus recuerdos
sus confidencias queridas
atadas en el pañuelo
como ocultando la herida
de su deseo… ¡esa Quimba!

¡Ahora! con charango y pianos
con acordeón y guitarras
quenas y violín chapaco…
La cueca ya está despierta
y hay que soñarla bailando
zapateadita. ¡Ahora manos!

Canto y versos en la víspera

Hace nueve días presenté en La Paz el disco Clamor por la Vuelta al Mar, imaginado, compuesto  y logrado en Cochabamba con artistas de la Llajta.  Ese acto de entrega fue el corolario del compromiso suscrito con los organismos gubernamentales coproductores y  ocurrió el viernes 21 en la Casa Grande del Pueblo.

La ministra de Comunicación, Gisela López, y el canciller Diego Pari  fueron los recipiendarios del producto que coptó los talentos creativos y el tiempo de tres compositores musicales durante ocho meses, desde enero pasado. También contamos para ello con el patrocinio de la ministra de Culturas y Turismo, Wilma Alanoca, y del gerente general del Banco Unión, don Rolando Marín.

La entrega de ese aporte al cancionero popular por el mar ausente se enmarcó venturosamente en la víspera de lo que mañana lunes 1 de octubre vaya a decir la Corte Internacional de Justicia de La Haya acerca de la injusta mediterraneidad que nos impuso Chile,  tras el asalto en descampado del 10 de febrero de 1879 sobre nuestra ciudad de Antofagasta y  por la posterior usurpación de todo el departamento del Litoral, al oeste del país.

Al viajar el pasado viernes a la ciudad de los teleféricos tenía en mente cumplir del modo más simple y protocolario con la entrega de ese disco trabajado  por los músicos Marco Lavayén, Rolando Malpartida y Julio Alberto Mercado con la participación de sus entornos artísticos, más de treinta instrumentistas, cantantes de coros, solistas y técnicos de grabación, mezclado y masterización, a los que se pagó honorarios en común acuerdo. (más…)

Lo que se ve, se anota

La izquierda de las naciones circunvecinas a Bolivia está en la víspera de grandes victorias electorales.

Para defenestrar al gobierno del general Juan José Torres, se confabularon muchos poderes extranjeros a órdenes del entonces embajador yanqui, Ernest Siracusa. Los presidentes de Brasil (Ernesto Geisel) y de Argentina (Alejandro Agustín Lanusse) y los empresarios privados de Chile y Perú aportaron gente, armas y dinero para la aventura golpista de los opositorios (sic) bolivianos.

Desde muchos meses antes veíamos trajinar en La Paz y en Santa Cruz a turistas jipis gringos, excombatientes de Vietnam, marines que adiestraban los fines de semana en Achocalla y Río Abajo a falangistas y movimientistas, francotiradores que debutaron el 21 de agosto de 1971.

Para el caso, el presidente Torres no tenía fuerza política ni militar que lo sustente, excepto algunos periodistas visibles cerca del Palacio Quemado. A la hora de la hora, todos los regimientos de Bolivia, excepto el Colorados de Bolivia, se auparon al golpe fascista a cambio de la gran dolariza que soltaron  los empresarios adquirentes de esos servicios armados, según confesión de un patrón apellidado Gasser a la TV de Bonn, Alemania.

En la Asamblea Popular, trotscos y lechinistas se mechaban los cabellos frente al pobre Jota Jota (al que llamaban el Kèrenski boliviano, sin él saber siquiera quién era aquél); según los marxistones Filemón Escóbar (Filipo) y Guillermo Lora, el proletariado estaba a un palmo de tomar por asalto el Palacio de Invierno, pero Torres no se quería mover de allí… Bah.

Ese cuadro de catastrofismos parece repintarse hoy. La embajada yanqui confabula sin pudores; dos fascistas manejan Argentina y Brasil; y los patronazgos chileno y peruano podrían barajar su billetiza para lo que se les ofrezca, si se les pide. Todo igual que entonces, solo que… ahora hay un pueblo bien despierto a la realidad democrática y al futuro cargado de cambios sociales. (más…)

Clamor por la vuelta al mar

El pasado diciembre, en una cafetería de El Prado cochabambino,  acordamos encarar un proyecto urgente: apoyar, con lo que sabíamos hacer, la demanda boliviana por una salida soberana al mar ante la Corte Internacional de Justicia, CIJ, de La Haya. Hoy, siete meses después, tenemos el producto terminado, un cidí con doce canciones sacadas de la memoria histórica sobre pueblos, costas, puertos, ciudades y recursos naturales del Litoral que nos usurpó Chile desde 1879.

Señas y pruebas: tres compositores de gran nivel,  Marco Lavayen, Rolando Malpartida y Julio Alberto Mercado, y un poeta metido a letrista, yo, pactamos componer un cancionero que interprete el clamor por la vuelta al mar, dado que nuestra arcaica demanda de reposición marítima había dejado de ser un pleito de vecindario y estaba ya en el conocimiento mundial ante Naciones Unidas, en La Haya.

Ahora tenemos doce temas para que la gente las cante en sus variaciones de suite, tincu, bailecito, cueca, salay, baguala, toba, joropo y otras modalidades. Un bello trabajo de los tres cantautores y sus grupos, al menos 24 instrumentistas escogidos de entre los mejores.

El disco Clamor por la vuelta al mar (doce oleadas sonoras del amartelo boliviano) fue hecho con el apoyo financiero de los ministerios de Comunicación, de Culturas y Turismo, y el Banco Unión, a gestión el magnífico periodista y gestor cultural Gastón Núñez.  El pasado lunes 13 lo presenté, cual debe, en La Paz, ante las máximas autoridades de esas dependencias, literales coproductoras: Gísela López, Wilma Alanoca y Rolando Marín, respectivamente.

Si el disco merece la aprobación formal, ojalá, seguirá la etapa de su difusión inmediata ante la opinión pública con distribución masiva de los cidís en el país, porque, además, se acerca el día en que la CIJ de La Haya anuncie su fallo sobre el delicado caso que, claro que sí,  removerá expectativas y conciencias en Bolivia y Chile, además de nuestro aliado histórico, el Perú.

Vuelvo al disco que, según promesa, será “bañado” de imágenes en vídeo. De las 92 estrofas que escribí se grabaron 77.  Así, los grupos de Lavayén, Malpartida y Mercado cantan que “la fe en la vida comienza cada día al despertar, cuando el boliviano reza: padre nuestro Litoral” (…) “Hay tres verbos en Bolivia que conjugan con el mar en la arena de la vida: reclamar, clamar, amar” (…) “Quiere Bolivia justicia, mar de amar-amartelar, solidaria con la vida: sol y dar y dad el mar” (…) “Libra esterlina y bala impulsan la traición, y se impone a la mala el Tratado de Ancón…”

El disco menciona a La Haya en unas cinco canciones: “Hemos aceptado el arbitraje de un Tribunal faro de verdad, queremos ser fieles al mensaje y volver en paz al Litoral” (…)  “Que el Tribunal de La Haya nos diga cómo avanzar con la ley y la esperanza de este clamor por el mar” (…)  “La palabra de La Haya debe ser justa y cabal para lavar en la playa la vieja ofensa imperial” (…) “Creo en La Haya, y su palabra debe ser puerta abierta al mar”.

No falta la alusión al vecino invasor: “Padecemos el despojo tras la sangrienta invasión, nos pusieron un cerrojo y estamos bajo prisión” (…) “Gobierno de La Moneda, moneda de tres caras: anversa, reversa y, la común, la perversa” (…) “En el nombre de la gente gritamos la indignación de Abaroa sobre el puente: ¡al carajo la invasión!” (…) “En Chile no hay libertad, mantienen, tienen  prisionero al mar”.

Y, claro, hay un salay, que es el baile que ahora  mueve al país. Dos  cholitas de Mizque entonan que “De Cobija hasta Tarija,  salay, queremos mar fija lija, salay” (…)…) “Pasamos años de años salay, sufriendo daños y daños, salay, ¡por una vecina angosta, elay, que se opone a toda costa, velay!”

Nos llevó tiempo y desvelos lograr este disco, pero ocurre que estamos esperando justicia por nuestro Litoral usurpado desde hace 139 años, caray.

Mantología/ JORGE MANSILLA TORRES

Vueltas y revueltas del plagio

Pero de plagios mayores y más importantes está repleta la historia de la gran literatura universal.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres *

Ya está otra feria del libro venteando la atmósfera que respiran autores y lectores en el interés de vender y comprar. Como un rito comercial inconmutable, la editorial jesuita Verbo Divino exhibirá en sus estantes la versión plagiada de mi libro Arriesgar el pellejo (Edit. Urquizo 1983) en un texto mañosamente titulado Arriesgando el pellejo, con la autoría de Francisco Dardichón.

Denuncié ese atraco aquí mismo, en este diario, en 2014, y nadie se dio por aludido (ni el autor trucho ni la editorial). El Servicio Nacional de Propiedad Intelectual (Senapi) ni se amoscó. Solo el tata Albó me gritoneó en la feria del libro de La Paz hace dos años. “¡Te equivocaste!”, me alzó la voz como si yo fuese su feligrés por haber acusado “al buen Dardi”. Ese episodio olvidable, porque hubo violencia verbal de ambos lados y ante decenas de testigos, paseantes de la feria, lo describí de pasadita en otro de mis escritos quincenales en La Razón el 2016.

Pero de plagios mayores y más importantes está repleta la historia de la gran literatura universal. Nada que ver con mi bronca parroquial con los curas y sus modos de ganarse indulgencias con las virtudes ajenas. Un analista acucioso y valiente, como fue don Humberto Vázquez Machicado, publicó un estudio descarnado de las marrullerías de escritores consagrados que, en la realidad, fueron vulgares rateros del esfuerzo y talento de otros escritores, pobres y sin fama.

Dicho autor boliviano reflotó, por ejemplo, las falsedades de Alejandro Dumas (padre) en su obra Los Tres Mosqueteros, plagio vil de un escrito de Courtil de Sandrao; de Eugenio Sué, quien vació un texto de Miguel Masson para su libro El Judío Errante. Alejando Dumas (hijo) se jaló en su obra La Dama de las Camelias un libro de Hipólito Auger. El admirado Gustav Flaubert se tiró un escrito de Paul Hotman para componer Salambó… Y así, muchos escritores clásicos fusilándose (como llaman los mexicanos al plagio vil) los trabajos de autores sin renombre o urgidos de dinero, maravillosos creadores de argumentos literarios, sin editor ni medios económicos a mano.

En su libro Los plagios de Pazos Kanki y de otros grandes escritores (Edit. Urquizo, 1991), que me regaló mi amigo el periodista Roberto Cuevas Ramírez, don Humberto Vázquez se muestra como un censor tronante de las trampas literarias que para ganar fama urdió Vicente Pazos Kanki, uno de los más importantes intelectuales anticolonialistas en el albor de la República de Bolivia.

Escritor, polemista, periodista, revolucionario, sacerdote, abogado; el altoperuano nacido en Ilabaya (La Paz) en 1779 se fue de aquí antes de cumplir 30 años y no regresó más. Tuvo una fulgurante vida política e intelectual en Argentina, España, Gran Bretaña y Estados Unidos, donde por un pelito (un voto) no fue elegido primer gobernador de las recién fundadas Floridas, hoy conocidas como Miami. No se sabe dónde ni cuándo murió. Lo último que se supo de él fue en 1852-53.

Los escritos de Pazos Kanki, a lo largo de casi 20 años, dice don Humberto, son copias de textos consagrados, entre otros, del Conde de Martignac, el gran estadista francés y otros célebres de la época. Aquel exclérigo, porque se hizo de esposa, se consagró a plagiar y plagiar sin necesidad aparente, porque tenía talento y visión para redactar textos políticos y, qué caray, porque al hacerlo tampoco ganó un centavo. Una vez que intervine en la Escuela de Escritores de la Sogem de México en una mesa redonda sobre el plagio, hablé incidentalmente de los raros afanes de Vicente Pazos Kanki. No faltó el crítico mordaz, Raúl Prieto, alias Nikito Nipongo, maestro del sarcasmo, que coronó mi charla con un comentario que me descuadró jocosamente: ¡Ah, dijo, ese don Vicente Plagios Kanki!

* es periodista