octubre 4, 2017

che1

Primeras letras del ‘abeCHEdario’

No puede haber sosiego. Comandante,..
si este mundo se funda en la injusticia,
que caiga el mundo y que otro se levante.

 

Cuando mataron al Che en La Higuera, se inició para la izquierda otro angustioso tiempo de zozobra y repliegue. Bajo estado de sitio y toque de queda hubo que andar los días de puntitas, pendientes de los tiras y buzos, máxime si un capanga subalterno, digamos el Silico, me achacó el cargo de ser “enlace urbano” de la guerrilla y azuzaba por mi captura; la misma gente de esa catadura que años después me endilgó una babosada de ataque suicida titulada Loto rojo Tachai.

Sirvió la poesía como refugio y arma, palabra artillada y en parapeto para seguir creyendo en la lucha. Desde aquel aciago año 67 advinieron sucesos de difícil olvido, entre ellos la muerte fortuita del tirano que apodamos el Arque-tipo, el ascenso de Ovando, la expulsión de la Gulf Oil, el Inti acribillado en La Paz, la hombrada guerrillera que alumbró Teoponte, el arribo de Torres al Gobierno y sus logros de inesperada audacia, la Asamblea Popular y el sanguinario golpe del fascismo y la embajada yanqui.

La poesía, digo, como bandera ondeante ante el viento del miedo. En agosto del año 69 escribí tres sonetos asonánticos al despuntar la aurora de la gloria del Che. Fueron los primeros cantos en Bolivia y los llamé Testimonios públicos; 48 años después los hallo vigentes.

1) Ya no se puede, Che, vivir sin dar contigo en las cosas más tristes o más bellas, anda tu nombre escrito en prisiones y escuelas como una imprecación y una esperanza. / Suena tu nombre, Che, como campana amiga, truena tu nombre, Che, como seco balazo, según lo digan los que siegan la espiga o lo denuesten, Che, tus-nuestros enemigos. / Tú viste, comandante, el humo ciego de mi pueblo profundo deambulando entre nubes de ira y decidiste el fuego. / Que queden sin arena los desiertos, como no nos dan paz mientras vivimos, que no nos pidan tregua ni aun de muertos.

2) Tú pusiste la paz en pie de guerra para que no la vendan ni la ultrajen; desde entonces la paz va con nosotros repartiendo consignas con tu imagen. / Eres consigna previa necesaria, el “pido la palabra” claro y franco, cuando hay la discusión al rojo vivo, cuando por unidad se vota en blanco./ Por ti dije a mi tiempo que yo escojo el camino de polvo por el que andan los de poncho, overol o guardatojo. / No puede haber sosiego, comandante: si este mundo se funda en la injusticia, que caiga el mundo y que otro se levante.

3) De ti viene, Guevara, este desvelo poblado de secretos movimientos, de panes que se comen boca al suelo para que el pueblo se mantenga enhiesto. / Es tuyo, comandante, el escarceo del miedo natural ante el peligro —sístole y diástole clandestinos (si estoy libre me escondo, si me siguen, paseo)—. / Tuya es también, Ernesto, la guitarra que puntea nuestros cantos de esperanza y acompaña el insomnio que desgarra. / Tuya será la fiesta cuando luego muera el imperialismo que te odia, porque aquí se te quiere a sangre y fuego.

Después, en el exilio desde el 71, compuse incontables sonetos, epigramas, cantos y aforismos para el Che, homenajes a su ejemplo y memoria con total prescindencia del cargo de conciencia o justificación de los comunistas bolivianos de la época por haberlo dejado solo, al igual que muy distante de los trotskistas que desdeñaban al Che, con Lora y Filipo al frente, por ser un “foquista alejado para su desgracia de la alianza obrero-campesina…”.

El Che, firme hoy, apuntando victorias revolucionarias con armas de futuro.

MIÉRCOLESMENTE/ JORGE MANSILLA TORRES

* Artículo publicado por La Razón, La Paz, 4 de octubre de 2017