noviembre 1, 2017

calacas

Tt’anta wawas y calaveras

Íbamos en Todos Santos por las calles con unas bolsas de tela para ganarnos el pan rezando en los altarcitos de ofrenda a los difuntos que volvían al pueblo. “Alabado sal señor sacramiento del altar…” cantábamos luego de la estrofa voceada por nuestro corero; los deudos nos pagaban con dos o tres tt’anta wawas (panecillos) por nuca.

En Llallagua y Siglo XX había hasta 4 altares por cuadra, en memoria de los fallecidos ese año, o sea unas 500 mesas de ofrenda. Por eso, las t’ojpas (pandillas) de niños no competíamos, ya que había panes santos para todos.

Las coplas de los alabados eran de burla a la muerte y muy pícaras las que se cantaban en quéchua. Al galope del recuerdo recopilé en los años noventa varias de ellas y las publiqué en Wipalabra, mi columna opinante en el diario Presencia que dirigía Ana María Campero (que ambos descansen en paz).

Sirva el introito para abordar las “calacas” mexicanas que se publican en estas fechas; son textos de epitafios y/o lápidas satíricas con alusiones directas a políticos, artistas y toda gente famosa que se supone estará muerta por hoy y mañana, y a la que se le dirá todo cuanto no se pudo en vida. Ejemplo:

Aquí yace Peña Nieto

al que apodaban Estulto,

no lo enterraron de feto

y hoy lo padecen de adulto. (más…)