septiembre 2018

Canto y versos en la víspera

Hace nueve días presenté en La Paz el disco Clamor por la Vuelta al Mar, imaginado, compuesto  y logrado en Cochabamba con artistas de la Llajta.  Ese acto de entrega fue el corolario del compromiso suscrito con los organismos gubernamentales coproductores y  ocurrió el viernes 21 en la Casa Grande del Pueblo.

La ministra de Comunicación, Gisela López, y el canciller Diego Pari  fueron los recipiendarios del producto que coptó los talentos creativos y el tiempo de tres compositores musicales durante ocho meses, desde enero pasado. También contamos para ello con el patrocinio de la ministra de Culturas y Turismo, Wilma Alanoca, y del gerente general del Banco Unión, don Rolando Marín.

La entrega de ese aporte al cancionero popular por el mar ausente se enmarcó venturosamente en la víspera de lo que mañana lunes 1 de octubre vaya a decir la Corte Internacional de Justicia de La Haya acerca de la injusta mediterraneidad que nos impuso Chile,  tras el asalto en descampado del 10 de febrero de 1879 sobre nuestra ciudad de Antofagasta y  por la posterior usurpación de todo el departamento del Litoral, al oeste del país.

Al viajar el pasado viernes a la ciudad de los teleféricos tenía en mente cumplir del modo más simple y protocolario con la entrega de ese disco trabajado  por los músicos Marco Lavayén, Rolando Malpartida y Julio Alberto Mercado con la participación de sus entornos artísticos, más de treinta instrumentistas, cantantes de coros, solistas y técnicos de grabación, mezclado y masterización, a los que se pagó honorarios en común acuerdo. (más…)

Lo que se ve, se anota

La izquierda de las naciones circunvecinas a Bolivia está en la víspera de grandes victorias electorales.

Para defenestrar al gobierno del general Juan José Torres, se confabularon muchos poderes extranjeros a órdenes del entonces embajador yanqui, Ernest Siracusa. Los presidentes de Brasil (Ernesto Geisel) y de Argentina (Alejandro Agustín Lanusse) y los empresarios privados de Chile y Perú aportaron gente, armas y dinero para la aventura golpista de los opositorios (sic) bolivianos.

Desde muchos meses antes veíamos trajinar en La Paz y en Santa Cruz a turistas jipis gringos, excombatientes de Vietnam, marines que adiestraban los fines de semana en Achocalla y Río Abajo a falangistas y movimientistas, francotiradores que debutaron el 21 de agosto de 1971.

Para el caso, el presidente Torres no tenía fuerza política ni militar que lo sustente, excepto algunos periodistas visibles cerca del Palacio Quemado. A la hora de la hora, todos los regimientos de Bolivia, excepto el Colorados de Bolivia, se auparon al golpe fascista a cambio de la gran dolariza que soltaron  los empresarios adquirentes de esos servicios armados, según confesión de un patrón apellidado Gasser a la TV de Bonn, Alemania.

En la Asamblea Popular, trotscos y lechinistas se mechaban los cabellos frente al pobre Jota Jota (al que llamaban el Kèrenski boliviano, sin él saber siquiera quién era aquél); según los marxistones Filemón Escóbar (Filipo) y Guillermo Lora, el proletariado estaba a un palmo de tomar por asalto el Palacio de Invierno, pero Torres no se quería mover de allí… Bah.

Ese cuadro de catastrofismos parece repintarse hoy. La embajada yanqui confabula sin pudores; dos fascistas manejan Argentina y Brasil; y los patronazgos chileno y peruano podrían barajar su billetiza para lo que se les ofrezca, si se les pide. Todo igual que entonces, solo que… ahora hay un pueblo bien despierto a la realidad democrática y al futuro cargado de cambios sociales. (más…)