enero 5, 2019

El Ekeko y Don Quijote en La Paz

Cap. XIV:  Donde se narra el encuentro vis a vis de Ekeko con Don Quijote y Sancho Panza en el enigmático Valle de las Ánimas.

Sentado en unas k’urpas  estaba el Ekeko  en el Valle de las Ánimas cuando vio aparecer por la bruma de las míticas cumbres a dos  figuras raras, una alta y otra chata. Pasada la neblina notó que eran un caballo y un asno con sus respectivos montantes. El del équido tenía en la mano una lanza y el del pollino tenía mal aspecto. Se interesó el Ekeko en la extraña escena y, al pasar los personajes por su enfrente, oyó al grandote decir:

-Os pedí, Sancho, que no merendemos sino en sitio de acogida. Aguantad, pues, el hambre como hijodalgo que sois.

En eso, Sancho vio al Ekeko  y pegó de voces diciendo: “¡Señor, señor, mirad este espécimen andino!”  Don Quijote achinó la mirada y en su rostro se pintó una sonrisa:

-¡Vive Dios!- dijo el caballero-, ¿no seréis vos por ventura el afamado Ekeko?

El ídolo aymara dio un paso atrás, poniéndose en guardia, y farfulló: “¿Quién te ha hablado mal de mí? ¿De qué me han denunciado ahura?”

Don Quijote desmontó  con parsimonia recitando: “¡Pardiez, qué decís!  Es un honor dar contigo, diosecillo de la abundancia y la buena ventura”.

Y el Ekeko, más inquieto  y agresivo: “¿Entonces, quién te ha hablado bien de mí? Ya no hay en quién confiar, gente caraja. Todo lo chismean”.

Paciente y prudente, Don Quijote puso su manota en el hombrito del Ekeko y dijo: “Os ruego no volver chisme lo que voy a contaros, ilustre señor. Llegué a estas altas tierras de Dios, que los españoles mentan del Diablo, para otear gente y suelo de La Paz y así supe de tu prestigio de dador de la abundancia.  Vine porque deseo ser nombrado Corregidor de la alta villa y así presentaré mi pedido a Su Majestad”

-¿Y qué te han dicho las Juntas Vecinales? –inquirió el Ekeko-. No creo que te acepten por dos razones: la primera y la segunda.

El caballero de la Triste Figura se mordió los labios y rascándose la cabeza musitó: “Llegar en bien a la gente será mi único premio a cambio de la bonanza que con tu ayuda podré brindar a la paceñidad”.

-¡Se va a caer! ¡Last´aj diciendo se va a caer! –interrumpió el diosecillo aymara.

-¡Oh, maese Ekeko!-clamó Don Quijote-. No me echéis sal en la herida aún no abierta.

-¡Se va a caer!-, dijo el Ekeko señalando a Sancho que se tambaleaba arriba de su jumento-. Tal vez sorojchi ya le está dando.

Corrió Don Quijote a sostener el cuerpo de su escudero, lo puso de pie en el piso y murmuró: “Es por hambre, mi fiel servidor ya debe comer”.

-¿Así que vas a venir de corregidor? –disparó el Ekeko. (más…)