Fogata-San-Juan

50 años en versos adversos

Gracias a Inti, Quilla y Wara que su luz me prestarán para hablar del Che Guevara y la Noche de San Juan. No son vueltas en la noria si alguien me dice por qué, se trata de la memoria de los  mineros y el Che. Se cumplen 50 años y en Bolivia hay que saber vidas de propios y extraños, dueños del amanecer.

¿A qué vienes?, lo increpó el buró lerdo y remiso, como si para luchar ellos dieran el permiso. Absurdo que el guerrillero les responda: camaradas, vine a prender el lucero  de la dignidad armada. Los jerarcas  comunistas lo abandonaron con todo y en seguida los trotskistas lo insultaron  en su modo.

Y así quedó el guerrillero frente a diez frentes de guerra: gobierno, ejército artero,  derecha, la “izquierda”  perra, el despliegue imperialista (CIA, rángers, embajada) y la prensa amarillista. ¡Todos contra un camarada!.

Enero marcó la fecha de la lucha decisiva, Ñancahuazú fue la brecha para avanzar por la vida. Al mando del comandante pusieron los bolivianos su lealtad por delante junto a valientes cubanos. Hubo bajas, desertores y traiciones, ¿dónde no hay? Se lucieron delatores Ciro Bustos y Debray.

El país manos arriba, toque de queda y estado de sitio, sonó a mentira el  “bolivianos el hado…”  En lo crítico del lance combativo  sin derrotas, ocurrió el valiente trance de los pobres más patriotas. Para que no quepa duda de la fiel clase minera se dio un salario  de ayuda a la gesta guerrillera.

La venganza del gobierno fue inmediata, el gran truhán mandó trocar en  infierno las fogatas de San Juan. Junio del sesenta y siete, ¿cómo no me de acordar?, el frío frente a la muerte había sabido temblar. Ametrallan Siglo Veinte y bombardean Llallagua, se tiñó de sangre el hielo que es la catedral del agua.

Yo vi partirse a las piedras cuando ingresó el regimiento, fueron tumbas en hileras las casas del  campamento. Cayó la pobre Juliana seca sobre el sucumbé, la coronaron de balas y ella no supo por qué. Capitán Zacacho Plaza, con tu moral de culata disparaste por la espalda a la luz de la fogata.

Ya es medio siglo de aquello e igual lapso de la historia  guerrillera, ese destello augural de la victoria. El crimen que no se encubre: en la escuela de La Higuera, el día 9 de octubre se truncó la primavera. Contra el Che y  a sangre fría dispararon un Terán, el Pentágono, la CIA, Barrientos y el Tío Sam.

El Pilcomayu que fluye poderoso al mar porfía que  el guerrillero  no huye y ha de volver algún día. El Mamoré militante victorioso en su torrente le dice que el comandante no se fue y está presente. Cincuenta años de memoria con nuestros pueblos de pie. Que sea hasta la victoria siempre como quiso el Che.

* Artículo publicado  por La Razón de La Paz, el miércoles 11 de enero 2017.

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