Coco Manto

Lo que se ve, se anota

La izquierda de las naciones circunvecinas a Bolivia está en la víspera de grandes victorias electorales.

Para defenestrar al gobierno del general Juan José Torres, se confabularon muchos poderes extranjeros a órdenes del entonces embajador yanqui, Ernest Siracusa. Los presidentes de Brasil (Ernesto Geisel) y de Argentina (Alejandro Agustín Lanusse) y los empresarios privados de Chile y Perú aportaron gente, armas y dinero para la aventura golpista de los opositorios (sic) bolivianos.

Desde muchos meses antes veíamos trajinar en La Paz y en Santa Cruz a turistas jipis gringos, excombatientes de Vietnam, marines que adiestraban los fines de semana en Achocalla y Río Abajo a falangistas y movimientistas, francotiradores que debutaron el 21 de agosto de 1971.

Para el caso, el presidente Torres no tenía fuerza política ni militar que lo sustente, excepto algunos periodistas visibles cerca del Palacio Quemado. A la hora de la hora, todos los regimientos de Bolivia, excepto el Colorados de Bolivia, se auparon al golpe fascista a cambio de la gran dolariza que soltaron  los empresarios adquirentes de esos servicios armados, según confesión de un patrón apellidado Gasser a la TV de Bonn, Alemania.

En la Asamblea Popular, trotscos y lechinistas se mechaban los cabellos frente al pobre Jota Jota (al que llamaban el Kèrenski boliviano, sin él saber siquiera quién era aquél); según los marxistones Filemón Escóbar (Filipo) y Guillermo Lora, el proletariado estaba a un palmo de tomar por asalto el Palacio de Invierno, pero Torres no se quería mover de allí… Bah.

Ese cuadro de catastrofismos parece repintarse hoy. La embajada yanqui confabula sin pudores; dos fascistas manejan Argentina y Brasil; y los patronazgos chileno y peruano podrían barajar su billetiza para lo que se les ofrezca, si se les pide. Todo igual que entonces, solo que… ahora hay un pueblo bien despierto a la realidad democrática y al futuro cargado de cambios sociales. (más…)

Clamor por la vuelta al mar

El pasado diciembre, en una cafetería de El Prado cochabambino,  acordamos encarar un proyecto urgente: apoyar, con lo que sabíamos hacer, la demanda boliviana por una salida soberana al mar ante la Corte Internacional de Justicia, CIJ, de La Haya. Hoy, siete meses después, tenemos el producto terminado, un cidí con doce canciones sacadas de la memoria histórica sobre pueblos, costas, puertos, ciudades y recursos naturales del Litoral que nos usurpó Chile desde 1879.

Señas y pruebas: tres compositores de gran nivel,  Marco Lavayen, Rolando Malpartida y Julio Alberto Mercado, y un poeta metido a letrista, yo, pactamos componer un cancionero que interprete el clamor por la vuelta al mar, dado que nuestra arcaica demanda de reposición marítima había dejado de ser un pleito de vecindario y estaba ya en el conocimiento mundial ante Naciones Unidas, en La Haya.

Ahora tenemos doce temas para que la gente las cante en sus variaciones de suite, tincu, bailecito, cueca, salay, baguala, toba, joropo y otras modalidades. Un bello trabajo de los tres cantautores y sus grupos, al menos 24 instrumentistas escogidos de entre los mejores.

El disco Clamor por la vuelta al mar (doce oleadas sonoras del amartelo boliviano) fue hecho con el apoyo financiero de los ministerios de Comunicación, de Culturas y Turismo, y el Banco Unión, a gestión el magnífico periodista y gestor cultural Gastón Núñez.  El pasado lunes 13 lo presenté, cual debe, en La Paz, ante las máximas autoridades de esas dependencias, literales coproductoras: Gísela López, Wilma Alanoca y Rolando Marín, respectivamente.

Si el disco merece la aprobación formal, ojalá, seguirá la etapa de su difusión inmediata ante la opinión pública con distribución masiva de los cidís en el país, porque, además, se acerca el día en que la CIJ de La Haya anuncie su fallo sobre el delicado caso que, claro que sí,  removerá expectativas y conciencias en Bolivia y Chile, además de nuestro aliado histórico, el Perú.

Vuelvo al disco que, según promesa, será “bañado” de imágenes en vídeo. De las 92 estrofas que escribí se grabaron 77.  Así, los grupos de Lavayén, Malpartida y Mercado cantan que “la fe en la vida comienza cada día al despertar, cuando el boliviano reza: padre nuestro Litoral” (…) “Hay tres verbos en Bolivia que conjugan con el mar en la arena de la vida: reclamar, clamar, amar” (…) “Quiere Bolivia justicia, mar de amar-amartelar, solidaria con la vida: sol y dar y dad el mar” (…) “Libra esterlina y bala impulsan la traición, y se impone a la mala el Tratado de Ancón…”

El disco menciona a La Haya en unas cinco canciones: “Hemos aceptado el arbitraje de un Tribunal faro de verdad, queremos ser fieles al mensaje y volver en paz al Litoral” (…)  “Que el Tribunal de La Haya nos diga cómo avanzar con la ley y la esperanza de este clamor por el mar” (…)  “La palabra de La Haya debe ser justa y cabal para lavar en la playa la vieja ofensa imperial” (…) “Creo en La Haya, y su palabra debe ser puerta abierta al mar”.

No falta la alusión al vecino invasor: “Padecemos el despojo tras la sangrienta invasión, nos pusieron un cerrojo y estamos bajo prisión” (…) “Gobierno de La Moneda, moneda de tres caras: anversa, reversa y, la común, la perversa” (…) “En el nombre de la gente gritamos la indignación de Abaroa sobre el puente: ¡al carajo la invasión!” (…) “En Chile no hay libertad, mantienen, tienen  prisionero al mar”.

Y, claro, hay un salay, que es el baile que ahora  mueve al país. Dos  cholitas de Mizque entonan que “De Cobija hasta Tarija,  salay, queremos mar fija lija, salay” (…)…) “Pasamos años de años salay, sufriendo daños y daños, salay, ¡por una vecina angosta, elay, que se opone a toda costa, velay!”

Nos llevó tiempo y desvelos lograr este disco, pero ocurre que estamos esperando justicia por nuestro Litoral usurpado desde hace 139 años, caray.

Mantología/ JORGE MANSILLA TORRES

Vueltas y revueltas del plagio

Pero de plagios mayores y más importantes está repleta la historia de la gran literatura universal.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres *

Ya está otra feria del libro venteando la atmósfera que respiran autores y lectores en el interés de vender y comprar. Como un rito comercial inconmutable, la editorial jesuita Verbo Divino exhibirá en sus estantes la versión plagiada de mi libro Arriesgar el pellejo (Edit. Urquizo 1983) en un texto mañosamente titulado Arriesgando el pellejo, con la autoría de Francisco Dardichón.

Denuncié ese atraco aquí mismo, en este diario, en 2014, y nadie se dio por aludido (ni el autor trucho ni la editorial). El Servicio Nacional de Propiedad Intelectual (Senapi) ni se amoscó. Solo el tata Albó me gritoneó en la feria del libro de La Paz hace dos años. “¡Te equivocaste!”, me alzó la voz como si yo fuese su feligrés por haber acusado “al buen Dardi”. Ese episodio olvidable, porque hubo violencia verbal de ambos lados y ante decenas de testigos, paseantes de la feria, lo describí de pasadita en otro de mis escritos quincenales en La Razón el 2016.

Pero de plagios mayores y más importantes está repleta la historia de la gran literatura universal. Nada que ver con mi bronca parroquial con los curas y sus modos de ganarse indulgencias con las virtudes ajenas. Un analista acucioso y valiente, como fue don Humberto Vázquez Machicado, publicó un estudio descarnado de las marrullerías de escritores consagrados que, en la realidad, fueron vulgares rateros del esfuerzo y talento de otros escritores, pobres y sin fama.

Dicho autor boliviano reflotó, por ejemplo, las falsedades de Alejandro Dumas (padre) en su obra Los Tres Mosqueteros, plagio vil de un escrito de Courtil de Sandrao; de Eugenio Sué, quien vació un texto de Miguel Masson para su libro El Judío Errante. Alejando Dumas (hijo) se jaló en su obra La Dama de las Camelias un libro de Hipólito Auger. El admirado Gustav Flaubert se tiró un escrito de Paul Hotman para componer Salambó… Y así, muchos escritores clásicos fusilándose (como llaman los mexicanos al plagio vil) los trabajos de autores sin renombre o urgidos de dinero, maravillosos creadores de argumentos literarios, sin editor ni medios económicos a mano.

En su libro Los plagios de Pazos Kanki y de otros grandes escritores (Edit. Urquizo, 1991), que me regaló mi amigo el periodista Roberto Cuevas Ramírez, don Humberto Vázquez se muestra como un censor tronante de las trampas literarias que para ganar fama urdió Vicente Pazos Kanki, uno de los más importantes intelectuales anticolonialistas en el albor de la República de Bolivia.

Escritor, polemista, periodista, revolucionario, sacerdote, abogado; el altoperuano nacido en Ilabaya (La Paz) en 1779 se fue de aquí antes de cumplir 30 años y no regresó más. Tuvo una fulgurante vida política e intelectual en Argentina, España, Gran Bretaña y Estados Unidos, donde por un pelito (un voto) no fue elegido primer gobernador de las recién fundadas Floridas, hoy conocidas como Miami. No se sabe dónde ni cuándo murió. Lo último que se supo de él fue en 1852-53.

Los escritos de Pazos Kanki, a lo largo de casi 20 años, dice don Humberto, son copias de textos consagrados, entre otros, del Conde de Martignac, el gran estadista francés y otros célebres de la época. Aquel exclérigo, porque se hizo de esposa, se consagró a plagiar y plagiar sin necesidad aparente, porque tenía talento y visión para redactar textos políticos y, qué caray, porque al hacerlo tampoco ganó un centavo. Una vez que intervine en la Escuela de Escritores de la Sogem de México en una mesa redonda sobre el plagio, hablé incidentalmente de los raros afanes de Vicente Pazos Kanki. No faltó el crítico mordaz, Raúl Prieto, alias Nikito Nipongo, maestro del sarcasmo, que coronó mi charla con un comentario que me descuadró jocosamente: ¡Ah, dijo, ese don Vicente Plagios Kanki!

* es periodista

ME RETA LA RETAMA

 

Era La Paz ciudad de la retama

que brotaba floral en cualquier lado,

en el jardín humilde o en El Prado.

las paredes se orlaban con su rama.

Una infusión relaja la migraña,

ayuda al corazón en su trabajo

de sostener el paso calle abajo

o cuesta arriba en la ladera huraña.

Qué ingratitud con la flor amarilla,

que el habitante de la adusta villa

vuelva al amor por la sencilla dama,

igual que la memoria reprendida

porque te quise ayer y se me olvida…

¡Era la Paz ciudad de la retama!

Cervantes, pese a las ignominias

El próximo 23 de abril será el Día del Libro, la Lengua  y los Derechos de Autor, fecha que alude a cuando, en 1616, murió don Miguel de Cervantes Saavedra, el padre del idioma castellano. Tres  festejos en  honor del  más desventurado  de los creadores literarios, un ser que anduvo vapuleado por la pobreza, la maledicencia y  la ingratitud, siempre.

Niño con hambre, Cervantes fue sacado de la escuela por tartamudo; su padre quiso evitarle el “bulling” y le ordenó no hablar en público y dedicarse solo a leer. En su juventud padeció cárceles y afrentas.  Los traficantes de gente lo encadenaron en Argel por medio año junto a unos moros convictos. Para ganarse  un dinero, Cervantes  se hizo soldado de paga, pero  en la batalla de Lepanto (1571)  las esquirlas de un cañonazo le hicieron perder el brazo izquierdo. Exigió ser indemnizado, pero España se burló de él  y le birlò el billete.

Por necesidad  se empleó como cobrador de impuestos y su severidad le ganó enemigos entre nobles y villanos. La iglesia lo excomulgó porque él quiso que los curas pagasen gabelas por el dinero que ganaban vendiendo el cielo. Acabó en la cárcel porque el banco donde depositaba las recaudaciones quebró y los  dueños usureros huyeron. Sus hermanas Magdalena  y Andrea se prostituyeron para pagar la fianza que le fijaron para salir libre.  Tuvo amoríos con Cilena, una lavandera, con la que procreó un hijo que se llamó Promontorio. Ella lo dejó, llevada de su desolación y pobreza.

Don Miguel solía presumir de su evidente capacidad intelectual y buscaba ingresar a los ateneos en procura, además, de un mecenas. Los cronistas y poetas de su tiempo  lo rechazaban con insultos. Hoy podría ser creíble  que el sardónico Quevedo le hubiese clavado un aforismo cruel:  los mancos recaudan más, porque roban solo la mitad.

Por huir de esa lastimante rutina, Cervantes pidió ser nombrado Corregidor de la Ciudad de Nuestra Señora de la Paz, fundada en el Nuevo Mundo 39 años antes. Su postulación empero fue rechazada en 1587  porque no tenía antecedentes nobiliarios. Alcurnia, pues. Y así era, Cervantes no había ni  acabado la escuela y los fisgones de currículos, alcahuetes del reino en todo tiempo  y lugar, le vedaron esa pretensión, privándonos también de haber tenido aquí como autoridad edil paceña nada menos que a ese genio.

Fue Cervantes un Quijote en la España sanchopancesca. En las horas previas a su deceso un monje le avis´ço que unos editores de Alemania y Holanda habían publicado (pirateado)  su libro del Quijote y los estabnan enviando a América. Ni un centavo de derechos de autor. Jamás ningún reconocimiento de la España que, desde hace 400 años, se perfuma la boca con el nombre del gran escvritor y lo exhibe como una de sus glorias creativa e intelectuales más renombradas. Murió don Miguel en situación de abandono y miseria. Su mortaja fúnebre fue la  sotana rotosa de un franciscano. Nunca se supo dónde quedaron sus restos.

Estaba en prisión, cuando Cervantes Saavedra compuso su enorme libro Aventuras del  ingenioso hidalgo  Don Quijote de La Mancha, novela polifónica  con todas las voces que hallaron acomodo en nuestra fabla; texto de gracia y tristeza, de realismo y fantasía, delirio y razón, verdad y mentiras. La vida, pues.

Esa gran novela me hizo  componer una décima testimonial que comparto:  La vez que leí el Quijote me provocó mucha risa, cierto, lo leí de prisa, pero qué gracia, qué dote del gran caballero al trote.  Lo leí de nuevo en coro y me ganó cierto azoro, me puse serio, muy serio. Hoy, lo digo sin misterio, leo Don Quijote y lloro.

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Las espinas de Espinal

         (Más Aquí del plagio)

Desde ayer que no aparece

que amarga se hace la espera

y en el rumor sin frontera

la mala sospecha crece.

 

Hay que encontrar a Espinal

lleva su humildad por traje

tiene ojos color coraje

y un aire de manantial.

 

Suele ser Lucho Espinal

solidario en las arenas

en las malas y en las buenas

de su pueblo mineral.

 

Es idéntico a sí mismo

en cine, radio, tevé

y explaya su periodismo

con talento y buena fe.

 

Es una tea encendida

sobre el pesar de las brumas

en las altivas columnas

espinales de la vida.

 

Ay espinas de Espinal

letras del abecedario

cuando escribe el proletario

Liberación nacional.

 

Puede estar Lucho Espinal

con su silencio maduro

sentado en el extramuro

de algún barrio marginal.

 

Él palpita en la amistad

de hombres niños y mujeres

sus manos son dos talleres

que fabrican libertad.

 

Hay que hallarlo en el terreno

dando el combate de frente

con la granada inminente

de su corazón de trueno.

 

Tiene una opción preferente

por las personas sencillas

y a los pobres de las villas

da su amor espinalmente.

 

Si encuentras a alguien así

si lo hallas en tu sendero

danos de su paradero

todas las señas “Aquí”

 

Ay espinas de Espinal

letras del abecedario

cuando escribe el proletario

Liberación nacional.

 

Jorge Mansilla Torres

La Paz, 28 de marzo de 1979

mujer

Una mujer me duele en todo el cuerpo
escribió Borges levitando en su muina,
a mí me duele en la peregrina
red arterial conectada al recuerdo.

Me duele una mujer entre los dedos
cuando digito la melancolía
no digo el corazón, cosa sabida,
lugar común de huayños y boleros.

Es un dolor que rebota en las redes
al caminar dolido en la rutina
a recaudo de olvidos y quereres.

Una mujer que es todas las mujeres
dicho en plural, la embozada consigna
que mujeres sin jota dice mueres.

                        Jorge Mansilla Torres

 

Clamor por la vuelta al mar

Con marzo nos viene el mar, bullente de historia, heroísmo civil y conciencia colectiva. Este mes será memorable por lo que vaya a decir la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya, sobre nuestro reclamo de encierro y bloqueo por Chile desde hace 139 años.

En Cochabamba nos hemos juntado tres compositores, un letrista y un promotor de arte y revolución para plasmar en un disco el clamor boliviano por la vuelta al mar, pero también para respaldar a nuestros coagentes en la CIJ. Marco Lavayén, Rolando Malpartida y Julio A. Mercado desplegaron su talento musical para arropar unas coplas mías. Trabajaron desde enero y estamos ya listos para grabar ese cancionero que tendrá las voces, instrumentos y coros de unos 50 artistas nuestros, los mejores.

Pero eso cuesta dinero. El periodista Gastón Núñez se puso al frente de la ardua campaña de recaudar fondos entre personalidades e instituciones oficiales y privadas del país, que aquilaten nuestra iniciativa artístico-ciudadana y estén dispuestas a invertir en el emprendimiento que hemos llamado Clamor por la vuelta al mar.

Es cierto que nadie tiene un presupuesto a priori para apoyar proyectos fortuitos y loables como éste, pero estamos encontrando autoridades con voluntad y fe, dispuestas a ayudarnos en los gastos de grabación, edición y difusión del producto sonoro. En ese CD afirmamos que en 1879 no hubo guerra, sino invasión, que no padecemos mediterraneidad, como Paraguay, sino un brutal bloqueo de La Moneda que, además, nos saquea desde el siglo pasado las aguas del manantial Silala y el río Lauca.

En mi caso, tengo historias de éxitos con los tres cantautores. Con Lavayén (Savia Sur) y Mercado (Canto popular, Aysana) hicimos dos cantatas para Cochabamba (2010 y 2012) y nueve cantos folklóricos. Con Rolando, exkjarka, compusimos tincus, kaluyos, morenadas, kantus y la célebre Cueca de dos siglos para la ciudad del valle.

Pronto, pues, apareceremos con los sonidos del mar y para el mar. En uno decimos: “La fe en la vida comienza cada día al despertar, cuando el boliviano reza: Padre nuestro Litoral”. En otro: “Hay tres verbos en Bolivia que conjugan con el mar, oraciones de la vida: reclamar, clamar, amar”. Un bailecito: “Cansados de la OEA, pintamos nuestra raya, nos fuimos a La Haya, a seguir la pelea”. Un huayño: “En Chile no hay libertad, si tiene y mantiene prisionero al mar”. Y un tincu: “La boliviana llegó a la playa y muy contenta quiso nadar, vino la ola, le dijo hola, sé bienvenida al viejo mar…”.

Serán 10 canciones o más, si a esa oleada reivindicativa se suman, como prometen, 10 cantantes tarijeñas, Las Mochas Copleras, que en tonadas con erke y caja corean, por ejemplo, “Voy a navegar de frente, si el mar me han devolver, porque es cosa diferente… navegar por internet”.

Van otras dos coplas de las 70 que tendrá el clamor: “Llantofagasta querida, te prometo no llorar, contigo no hay despedida si sé cómo retornar// Ay mare nostrum saudade de imposible realidad, sin ti nacemos sin madre, pero con identidad”.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres

 04 de marzo de 2018

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