Canto y versos en la víspera

Hace nueve días presenté en La Paz el disco Clamor por la Vuelta al Mar, imaginado, compuesto  y logrado en Cochabamba con artistas de la Llajta.  Ese acto de entrega fue el corolario del compromiso suscrito con los organismos gubernamentales coproductores y  ocurrió el viernes 21 en la Casa Grande del Pueblo.

La ministra de Comunicación, Gisela López, y el canciller Diego Pari  fueron los recipiendarios del producto que coptó los talentos creativos y el tiempo de tres compositores musicales durante ocho meses, desde enero pasado. También contamos para ello con el patrocinio de la ministra de Culturas y Turismo, Wilma Alanoca, y del gerente general del Banco Unión, don Rolando Marín.

La entrega de ese aporte al cancionero popular por el mar ausente se enmarcó venturosamente en la víspera de lo que mañana lunes 1 de octubre vaya a decir la Corte Internacional de Justicia de La Haya acerca de la injusta mediterraneidad que nos impuso Chile,  tras el asalto en descampado del 10 de febrero de 1879 sobre nuestra ciudad de Antofagasta y  por la posterior usurpación de todo el departamento del Litoral, al oeste del país.

Al viajar el pasado viernes a la ciudad de los teleféricos tenía en mente cumplir del modo más simple y protocolario con la entrega de ese disco trabajado  por los músicos Marco Lavayén, Rolando Malpartida y Julio Alberto Mercado con la participación de sus entornos artísticos, más de treinta instrumentistas, cantantes de coros, solistas y técnicos de grabación, mezclado y masterización, a los que se pagó honorarios en común acuerdo.

Tenía pensado, como digo, llegar y entregar el disco a  los co-patrocinantes, pero no fue así. En la constancia de que ahí no iba a estar presente ninguno de los cantantes del Clamor, dos grupos de danzantes paceños cercanos al Ministerio de Comunicación decidieron  ponerle baile a  tres de las doce composiciones, la cueca, el toba y el salay.  Ensayaron toda esa tarde del 21 de septiembre y, por la noche, exhibieron su gracia  coreográfica ante una masiva concurrencia.

El domingo 23 tuvimos otra  sorpresa, cuando el Ministerio de Comunicación  mandó obsequiar un CD a cada comprador del diario oficial Cambio. Al día siguiente se nos dijo que próximamente se regalará ese producto en escuelas, colegios, administración pública, fábricas, centros de trabajo del campo y la ciudad y otros. El  tan mentado disco pertenece también a los copatrocinadores que sabrán cómo socializarlo  en todo el país.  Nosotros, letrista y cantantes, no tendremos mayor participación en esa etapa de  socialización masiva.

Se trata, pues -y lo estoy diciendo en toda ocasión que los medios me dispensan- de documentar el optimismo  con voces y palabras, verso y música,  en la víspera del gran avance que los bolivianos emprenderemos luego  de conocer el fallo de la CIJ de la ONU. Claro que en nuestro país hay mucha más gente que podría, y seguramente lo hará, consolidar otros logros artísticos con ese gran motivo.

Aquí es que quiero ofrecer de nueva cuenta mis disculpas a las  cantantes del grupo Las mochas copleras por no haber incluido su bello aporte en el  Clamor. Ellas son artistas tarijeñas que envuelven su novedoso canto coral con sonidos de cajas y erques chapacos. Es que tuvimos que atenernos a lo pactado por nuestro promotor cultural, el periodista Gastón Núñez, con los ministerios ya nombrados y el Banco Unión en un proyecto que describía por escrito a autores, contenidos, costos de producción y fechas.

Cierro este texto, que más parece un informe administrativo, con una estrofa del tema Mare nostrum: “La palabra de La Haya/ debe ser justa y cabal/ para lavar en la playa/ la vieja ofensa imperial”. Que así sea.

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