fragmento de la obra Che Guevara de Hans Hoffmann. Copyright: Hans Hoffmann ©

Clamor por 5 mujeres y una sopa de maní

Cinco mujeres bolivianas estuvieron con el Che en los días de su desgracia, hace 50 años. Sin ser guerrilleras ni comunistas le dieron  atención y cuidados solidarios, a la par que la CIA, el gobierno de Barrientos  y el ejército le infligían golpizas e insultos en su cautiverio  de La Higuera hasta matarlo arteramente.

Hace muchos años recopilé la historia de aquellas cambacollas, como se autoproclaman las vallegrandinas, con los escritos de los cubanos Cupull y Rodríguez, y con testimonios dispersos de testigos del terrible episodio. Difundo estas versiones donde me dejan hablar en honor de Che y digo que una ama de casa le dio a comer una sopa de maní tres horas antes de que lo asesinaran, que dos profesoras de escuela dialogaron con él y montaron guardia  en el aula jaula de La Higuera y que, ya muerto el guerrillero, una lavandera le limpió el polvo del pecho y los pies, y, en fin, que una enfermera le acicaló pelos y barba hasta darle ese aire de Cristo yacente que tiene el Comandante  en la lavandería del hospital Señor de Malta de Vallegrande.

En octubre del año pasado viajé a Vallegrande y La Higuera para sugerir a autoridades y vecinos de esos pueblos apropiarse de una vez de las historias de Ninfa Arteaga, Julia Cortez, Élida Hidalgo, Graciela Rodríguez y Susana Osinaga y  ostentarlas como ejemplos  de la vocación humanitaria de las bolivianas. De mi ronco pecho les pedí que proclamen la sopa de maní como el último alimento que probó el Che y que inviten o vendan ese plato a los miles de visitantes que año con año llegan a esa histórica región. 

Por gestiones de mi  camarada Osvaldo “Chato”  Peredo fui recibido en Vallegrande por el Comité Impulsor del 50 aniversario de la muerte del Che a cargo del sacerdote Erwin Joseph Kohmannn; unos 25 asistentes oyeron mis sugerencias.  Al día siguiente, el 9 de octubre por la noche, me presenté en un hermoso acto artístico y político en jonor del Guerrillero Heroico en la plaza principal, allí leí  partes de mi libro “Mantología poética, ofrendas y militancia” y luego peroré mi cantaleta de las cinco mujeres y la sopa de maní, “de maniche”,  dije, por maní y Che. Me aplaudieron, y ya.

Después hablé en La Paz con dos ministros de Estado. Mi amigo Juan Ramón Quintana me propuso encabezar una comisión para aterrizar esas iniciativas y yo le dije que sería mejor dejar eso a los propios vallegrandinos,  (porque) no vayan los enemigos a decir que caravaneo con sombrero ajeno. Al ministro le pareció  bien y quedamos en nada.

Ahora, dentro de quince días se cumplirá el medio siglo de la gesta del Che, a quien se le rendirán honores en todo el mundo. Obviamente, se hablará mal y fuerte del país que éramos entonces y del Partido Comunista Boliviano que desertó de su deber en la hora de la prueba. Y sé también que nadie hablará del gesto de aquellas muestras mujeres, dos de las cuales aún viven. Como pasa en los concursos literarios, no habrá para ellas ni oro ni plata sino, y tal vez, un premio de consuelo llamado Mención Honrosa.

Tengo claro que la voluntad popular no se mueve por decreto, pero nada pierdo con motivar actitudes que pudieran  prender y hacerse buena costumbre.  Caray, me digo, qué bien se vería que ese día, el comité rememorativo o el gobierno inviten unos  platos de sopa de maniche a quienes lleguen a La Higuera o Vallegrande.

Aunque sí, algo habrá desde el páramo ciudadano. El médico beniano Jaime Ortiz presentará el próximo 8 de octubre en Vallegrande un disco con su hermosa voz en honor de aquellas mujeres. Le puso música a un texto mío y se hizo acompañar con excelentes artistas. Jaime y yo sabemos el costo de esa producción discográfica, pero no cómo la pagaremos. Sea, pues. Que es por amor que la mujer existe… y en el amor vuelve bello lo triste.

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