llaucha

La Paz, que en este día…

La llauch’a

 

Cocida a ras del suelo, muy humeante,

la llauch’a de La Paz es un esbozo

del buen gusto ch’ucuta en el hermoso

amanecer del pueblo, sol cambiante.

 

Traía mucho queso la de antes,

ahora le ponen un jugo sabroso

de maicena o maíz blanco lechoso.

En los años sesenta era picante.

 

Como la Tía Núñez*, mal pintada,

esta delicia empero es aclamada

reina del desayuno a rajatabla.

 

De la llauch’ita y el café caliente,

el paceño nos pide tolerante:

¡Se ha de hablar bien, carajo, o no se habla!

 

* La Tía Núñez: dama paceña pintarrajeada que lucía sus aires en El Prado, mediados del siglo XX.
 
 

¡El teleférico puso a La Paz por los cielos!

teleferico

pumakatari

El Pumakatari viene

va de  la ladera  al centro

y su tamaño  contiene

¡toda La Paz en su adentro!

 

La marraqueta

 

No se entiende La Paz sin la marraqueta como su pan esencial.  La rebeldía de su gente tiene las simples sustancias de la marraqueta: harina que razona, agua que sensibiliza y sal que da palabra a la levadura del alzamiento social.

Hostia y adobe, la marraqueta.  Debe La Paz su formidable traza urbana a la fuerza y talento de albañiles bien enmarraquetados y consumidores, además, por toda dieta y menú, de dos plátanos y un refresco de papaya, día a día.

No luce la marraqueta en ninguna muestra de gustos pasteleros.

Tampoco compite con las marraqueta_pace_además del balay cotidiano: chamillos, sarnitas, allullas, etecé. Amasada con los diez dedos del apuro, su mejor instante es cuando sale del horno, crepitante y ofrecido.

Tiene más de cien años de estar en la mesa paceña y es la unidad básica del jornal. Pan de batalla, la marraqueta.

 

 

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