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Las espinas de Espinal

         (Más Aquí del plagio)

Desde ayer que no aparece

que amarga se hace la espera

y en el rumor sin frontera

la mala sospecha crece.

 

Hay que encontrar a Espinal

lleva su humildad por traje

tiene ojos color coraje

y un aire de manantial.

 

Suele ser Lucho Espinal

solidario en las arenas

en las malas y en las buenas

de su pueblo mineral.

 

Es idéntico a sí mismo

en cine, radio, tevé

y explaya su periodismo

con talento y buena fe.

 

Es una tea encendida

sobre el pesar de las brumas

en las altivas columnas

espinales de la vida.

 

Ay espinas de Espinal

letras del abecedario

cuando escribe el proletario

Liberación nacional.

 

Puede estar Lucho Espinal

con su silencio maduro

sentado en el extramuro

de algún barrio marginal.

 

Él palpita en la amistad

de hombres niños y mujeres

sus manos son dos talleres

que fabrican libertad.

 

Hay que hallarlo en el terreno

dando el combate de frente

con la granada inminente

de su corazón de trueno.

 

Tiene una opción preferente

por las personas sencillas

y a los pobres de las villas

da su amor espinalmente.

 

Si encuentras a alguien así

si lo hallas en tu sendero

danos de su paradero

todas las señas “Aquí”

 

Ay espinas de Espinal

letras del abecedario

cuando escribe el proletario

Liberación nacional.

 

Jorge Mansilla Torres

La Paz, 28 de marzo de 1979

mujer

Una mujer me duele en todo el cuerpo
escribió Borges levitando en su muina,
a mí me duele en la peregrina
red arterial conectada al recuerdo.

Me duele una mujer entre los dedos
cuando digito la melancolía
no digo el corazón, cosa sabida,
lugar común de huayños y boleros.

Es un dolor que rebota en las redes
al caminar dolido en la rutina
a recaudo de olvidos y quereres.

Una mujer que es todas las mujeres
dicho en plural, la embozada consigna
que mujeres sin jota dice mueres.

                        Jorge Mansilla Torres

 

Clamor por la vuelta al mar

Con marzo nos viene el mar, bullente de historia, heroísmo civil y conciencia colectiva. Este mes será memorable por lo que vaya a decir la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya, sobre nuestro reclamo de encierro y bloqueo por Chile desde hace 139 años.

En Cochabamba nos hemos juntado tres compositores, un letrista y un promotor de arte y revolución para plasmar en un disco el clamor boliviano por la vuelta al mar, pero también para respaldar a nuestros coagentes en la CIJ. Marco Lavayén, Rolando Malpartida y Julio A. Mercado desplegaron su talento musical para arropar unas coplas mías. Trabajaron desde enero y estamos ya listos para grabar ese cancionero que tendrá las voces, instrumentos y coros de unos 50 artistas nuestros, los mejores.

Pero eso cuesta dinero. El periodista Gastón Núñez se puso al frente de la ardua campaña de recaudar fondos entre personalidades e instituciones oficiales y privadas del país, que aquilaten nuestra iniciativa artístico-ciudadana y estén dispuestas a invertir en el emprendimiento que hemos llamado Clamor por la vuelta al mar.

Es cierto que nadie tiene un presupuesto a priori para apoyar proyectos fortuitos y loables como éste, pero estamos encontrando autoridades con voluntad y fe, dispuestas a ayudarnos en los gastos de grabación, edición y difusión del producto sonoro. En ese CD afirmamos que en 1879 no hubo guerra, sino invasión, que no padecemos mediterraneidad, como Paraguay, sino un brutal bloqueo de La Moneda que, además, nos saquea desde el siglo pasado las aguas del manantial Silala y el río Lauca.

En mi caso, tengo historias de éxitos con los tres cantautores. Con Lavayén (Savia Sur) y Mercado (Canto popular, Aysana) hicimos dos cantatas para Cochabamba (2010 y 2012) y nueve cantos folklóricos. Con Rolando, exkjarka, compusimos tincus, kaluyos, morenadas, kantus y la célebre Cueca de dos siglos para la ciudad del valle.

Pronto, pues, apareceremos con los sonidos del mar y para el mar. En uno decimos: “La fe en la vida comienza cada día al despertar, cuando el boliviano reza: Padre nuestro Litoral”. En otro: “Hay tres verbos en Bolivia que conjugan con el mar, oraciones de la vida: reclamar, clamar, amar”. Un bailecito: “Cansados de la OEA, pintamos nuestra raya, nos fuimos a La Haya, a seguir la pelea”. Un huayño: “En Chile no hay libertad, si tiene y mantiene prisionero al mar”. Y un tincu: “La boliviana llegó a la playa y muy contenta quiso nadar, vino la ola, le dijo hola, sé bienvenida al viejo mar…”.

Serán 10 canciones o más, si a esa oleada reivindicativa se suman, como prometen, 10 cantantes tarijeñas, Las Mochas Copleras, que en tonadas con erke y caja corean, por ejemplo, “Voy a navegar de frente, si el mar me han devolver, porque es cosa diferente… navegar por internet”.

Van otras dos coplas de las 70 que tendrá el clamor: “Llantofagasta querida, te prometo no llorar, contigo no hay despedida si sé cómo retornar// Ay mare nostrum saudade de imposible realidad, sin ti nacemos sin madre, pero con identidad”.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres

 04 de marzo de 2018

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Memorial de la Entrada

¿Qué pasa si el espíritu del pueblo se cansa del silencio y la rutina? Pasa que camina a la avenida, limpia la sangre de los atropellos y convoca ritualmente a sus ancestros, pasa que las penas pierden su orientación y mala vibra, pasa que se hace cóndor, toro, diablo y, en su ajayu feliz, al país bravo se le salen los sueños por la Entrada.

En cada fiesta ejercemos el duende, la máscara esencial, la practicada coreografía de la farsa: el Carnaval de Oruro, la Urkupiña, Señor del Gran Poder, el Carnaval de antaño del sucrense. la Entrada del Ch’utillo potosino, la Asunta de Llallagua y San Miguel de Uncía, el Carnaval de cambas con sus precas, la fiesta de Comadres en Tarija, el Chope fiesta, el último convite, Corso de corsos en la altiva Llajta, la Ck’oa ritual de los Martes de Ch`alla, la Entrada universitaria y todo-todo con comparsas masivas de ropas ostentosas, fechas a devoción del alter ego que heredamos del mito y de la historia.

Nos baila el Diablo, dios disperso en su propia inocencia, salta el Toba con el favor del aire y el Kullawa, tejedor milenario, al otro extremo del Pepino que ahuyenta la tristeza. Van los Ch’utas en contra del olvido con el Auki auki y sus eternidades, danzamos con el sol y con la nieve del Llamero tenaz y compulsivo… Somos bajo el disfraz el testimonio, el hálito del pueblo que no muere.

Encadenados vamos cuesta arriba con los Morenos y al revés de la brisa de los Suri sicuris con sus crestas de plumas de ñandú; en la reyerta multitud de Potolos libran Tincus de iumemorial rencor. Somos los Negritos que tundiquean junto a los Kusillos, somos la Waca waca que libera al toro de la barbarie (leche en lugar de sangre). Danza el sabio pueblo y con la Saya ensaya su jolgorio.

El Caporal es nuestro gran deseo de libertad, él diseña en la ñufla el porvenir, aunque los Doctorcitos den dos pasos atrás en son de burla. Ochenta bandas de sonoro bronce compiten con el tono de los sicus y el dulzor de las quenas en el viento. Todo es enigma en la avenida absorta y de tanto pensar en estas cosas me baila el pensamiento cuando pienso.

Somos la gente que hace crecer la fiesta con los amigos, compadres y vecinos. Somos el preste que arriesga lo que vale por su prestigio y nombre conocidos. Practicantes del ayni, mutua ofrenda, festividad común identitaria lo mismo en Occidente que en la vasta Amazonía de plaza llena, con los santos patronos de la selva y los ríos de gente alborozada.

Sea alabada la liturgia laica del Carnaval. Sea nombrado el genio ch’ucuta picoverde fosforito, quirquincho de arenal uru encendido, camba dichoso amparado en su banda, potoco legendario tabuquillo, docto chuquisaqueño karapanza, chapacu alzau a lo largo del erke, fecundo maipillapis del kochala… ¡Memorial de la Entrada boliviana con el ajayu flameando en la wipala!

* Publicado en La Razón de La Paz, Domingo 4 de febrero 2018.

Santa Veracruz Tolata…

El 20 enero de 1974,  cumpliendo instrucciones del FMI el gobierno del general Banzer decretó una elevación de precios para los artículos de primera necesidad; de inmediato  subieron los costos de otros productos, como los insumos agrícolas.  El 24 de enero, campesinos del Valle Alto bloquearon en protesta la vía Cochabamba-Santa Cruz, con focos en Quillacollo y Sacaba.  El 28, Banzer impuso el Estado de sitio y el  día 29, tanques de guerra del Tarapacá y tropas del CITE dispararon a la multitud en Tolata y Epizana. Murieron 16 agricultores (se dijo que fueron más),  43 quedaron heridos y 21, presos.

Con tamaña matanza se hizo añicos el Pacto militar-campesino que en 1966  impuso otro tirano, el dictador con botas Barrientos Ortuño, para reprimir la insurgencia obrera y popular contra la dictadura proimperialista. (más…)

La Parca anda de mandil blanco

Desde hoy y en ciertas veces durante este año, mientras tenga el uso de La Razón, esta columna que escribo Miércolesmente  será  de tres partes  a saber: un cuento, un lote de aforismos y un comentario.

Mier.- En el programa radiofónico Olla de Grillos que yo producía hace 50 años,  conté una vez  que un profe de secundaria pidió a dos de sus alumnos  ir a  la Cámara de Diputados y escribir  una crónica de lo que vieron y oyeron. Los chicos fueron al Congreso y se dieron con que la barra estaba atestada de público  y no había dónde sentarse. Entonces, el menor de los terebotes se encaramó en los hombros del otro para saber qué pasaba en el hemiciclo y halló a los congresistas en una esgrima verbal: ¡Cállese, pasa-pasa! ¡Movis rateros! ¡Traficante! ¡Lambebotas! ¡Rosquero! ¡Agente de la CIA! ¡Maleante…! y otras  gentilezas. Ahora se tratan de bolas, amarrahuatos, separatista, bestias de la mala práxides, llunkus, etcéperra.

Vuelvo al cuentito: Cansado por el sobrepeso, el niño de abajo preguntó: ¿Qué pasa? ¿Ya empezó la sesión?,  y el  de arriba le dijo: Todavía no, hermano, recién están pasando la lista de asistentes. (más…)

Romance de Amayapampa*

21 coplas en el nombre del oro y sus perversiones

(En diciembre de 1996, hace 21 años, hubo una matanza
de pobladores originarios en Amayapampa, allí donde comienza
el Norte de Potosí, por la posesión del oro. Reproduzco lo que escribí
en esos días para que la memoria histórica boliviana siga fresca y en guardia)

A los juglares nos toca contar historias reales con palabras remendadas
y versos artificiales. Tengo un nudo en la garganta siempre que nombro el destino de las riquezas mineras en el norte potosino.

Este es el primer romance de otra matanza que ha sido contra la gente más pobre sobre el suelo enriquecido. Lugar: Ayllu Chayantaka. Fecha: Día 22. Diciembre 96. Testigos: la piedra y Dios.

Charanguito bien punteado para avisar que aquí cerca, en Kapacirca y Amaya, la gente se ha puesto terca.

Desde hace 500 años es dueña de un yacimiento áureo, privatizado
recién por el Movimiento. Entonces una ordenanza fue enviada al general que se puso firme y dijo: ¡es su orden, mi capital!

Y desplegaron soldados de La Paz, de Potosí, de Oruro, como a la guerra. No me contaron, lo vi. Antes de la Nochebuena Reyes Magos del azoro quemaron incienso y mirra en el pesebre del oro.

Charanguito zapateado; La plata, el oro, el estaño, nunca fueron de Bolivia, siempre de un poder extraño.

Detrás de Aymaya y Chayanta, como si fuera una rampa, el ejército tendió la muerte como una trampa. A los que escupieron fuego ni se les movió la cara, en Kapasirca mataron como si nada importara.

La muerte bailó su tincu como en el 65, como en San Juan, en Tolata, igual y un poco distinto. Si quieren más referencias del sangriento sucedido, por la Radio Pío Doce la historia no se ha perdido.

Charango kalampeadito, airampo de color fino, vivir es morir al tiro en el norte potosino.

No sé si les gustará que siga con esta historia, pero en Bolivia la vida
es olvido y es memoria. Anteayer fue por la plata, ayer fue por el estaño
esta tarde por el oro… ¡Ay país del desengaño!

De Aymayapampa hacia arriba están Panakachi y Kari, territorios del suplicio de los hermanos Katari. Y aquí no les voy a hablar de Llallagua y Siglo Veinte, de sus cien años de sangre no faltará quién les cuente.

Charanguito en temple diablo, siempre hemos sabido cómo los entreveros del oro se solucionan con plomo.

Murieron 26 gentes, ejecutadas ahí mismo por las armas de la patria y el neoliberalismo. Generales, coroneles y toda la patriotada sintetizada en un nombre: Goni Sánchez de Lozada.

Paisano, aquí pongo fin a este testimonio fiel, vieja historia de Caín que sigue matando a Abel.

*Texto publicado en el diario La Razón de La Paz, el miércoles 27 de diciembre de 2017